28 febrero 2011

Y venga a prohibir y prohibir, como en los regímenes comunistas


Esto es todo lo que sabe hacer este Gobierno. Miren, lo de menos es la efectividad o no de la decisión de limitar la velocidad a 110 kilómetros por hora en autopistas y autovías –los expertos ya anuncian que sólo se va a conseguir reducir el consumo de energía en un 3%–; lo importante, lo verdaderamente importante, es que este Gobierno tiene una ambición desmedida por intervenir en el ámbito de nuestra libertad personal.

Prohibir, prohibir, prohibir…

Es lo único que se le ocurre a este ya pequeño reducto de retrosocialistas trasnochados y absolutamente ideologizados que se miran en el espejo retorcido de un tardofranquismo sociológicamente vivo en sus entrañas: sus últimas medidas a la desesperada, el estado de alarma y la prohibición de ir a más de 110 km/hora, recuerdan a otras similares que se tomaron entonces cuando el Gobierno sólo entendía la relación con los ciudadanos en términos de ordeno y mando. Prohibir y recaudar, he ahí la cuestión como si el drama de este Gobierno fuera una duda shakesperiana, porque la decisión de prohibirnos conducir a más de 110 sólo tiene un sentido, el de conseguir ingresos para el Estado…

Este desgobierno restringe nuestras libertades, nos mete la mano en el bolsillo y encima nos pide que seamos comprensivos, pero ¿cuánto más vamos a aguantar? ¿No es ya suficiente el desprendimiento que hemos hecho en términos de libertades y derechos sacrificados en el altar del talante a mayor gloria de la Religión de Estado, de la Dictadura del Relativismo?

Este Gobierno sólo sabe resolver los problemas a base de reprimir nuestra libertad, coaccionar nuestros derechos y exprimir nuestros bolsillos para, al mismo tiempo, echar una mano en ayuda de una oligarquía económica monopolística a la que el Gobierno se ha entregado en la versión más obscena del socialismo capitalista. Y nosotros, jodidos.