29 julio 2008

El dictador Chávez visita España. ¿para qué?

¿Debe perdonar uno a sus enemigos? La caridad cristiana dice que sí. Pero es bueno anteponer una condición mínima, sólo si muestran su verdadero arrepentimiento. El encuentro entre el petrodictador venezolano y el Rey de España no ha sido precedido por ninguna disculpa del dictador descerebrado Hugo Chávez. No sólo por haber insultado a todos los españoles ofendiendo a nuestro ex-presidente de Gobierno, José María Aznar, sino por haber ahondado en la herida con sus respuestas, provocaciones e insultos al ya famoso, aunque olvidado, "por qué no te callas" de nuestro Rey.

Incluso pocos días antes de recalar en España, el dictador Chávez seguía arremetiendo contra el representante de la Corona española. Pero eso no ha importado nada a un Gobierno socialista y republicano, ni tampoco a una Casa Real que parece hipnotizada por los cantos de sirena del socialismo español. Ahí están las fotos en Marivent para legar a la posteridad que el Rey recibe a Chávez como si ninguno de sus malévolos insultos hubiera tenido lugar jamás, y haciendo ver que su frase y desplante al dictador venezolano fue una cosa de chiquillos. Pero no lo fue. Las palabras de entonces del matón Chávez excedieron lo tolerable. Su pertinaz reiteración raya ya en lo patológico.

Rápidamente el Gobierno y los medios de comunicación afines han justificado el amigable encuentro entre el Rey y el venezolano por lo que salió del mismo, que Chávez nos rebaje el precio de 10.000 barriles de su petróleo un 30%. Si ese ha sido el precio de hacerse perdonar, el Rey debería habérselo pensado dos veces. Hace años, cuando los norteamericanos donaban 400 millones de dólares al Gobierno socialista de Felipe Gonzáles por el uso de las bases militares, el entonces presidente español decidió despreciar aquel regalo sobre la base de que una nación soberana no debe someterse a tales dádivas. Y tenía razón. Otro caso más reciente. El anterior alcalde laborista de Londres, Ken Livingstone, alias el rojo, también se benefició de los regalos de Chávez, quien contribuyó a las arcas de la alcaldía de Londres con energía barata para sus autobuses. Su sucesor, el conservador Boris Johnson, ha preferido cortar por lo sano ese acuerdo que sólo le inspira revulsión y se ha negado a que Chávez le regale nada. Hay mercaderes con los que mejor no juntarse.

El Rey español está acostumbrado a salir en socorro de la economía española y de su sector energético. Lo hizo a mediados de los 70 para paliar con sus contactos en el Golfo el alza del crudo tras el shock petrolero motivado por la derrota árabe en la guerra del Yom Kippur. También en otras operaciones de las que no siempre su imagen se ha visto beneficiada, como aquellos extraños préstamos de KIO a finales de los 80 que quedaron al descubierto por la guerra del Golfo de 1991. Debería saber mantenerse al margen de personajes poco recomendables como es el actual dictador de Caracas. Aunque nos salga más caro el barril de crudo.

Quienes se solidarizaron con el monarca ante los sostenidos agravios del histriónico Hugo Chávez tendrán sin duda preguntas que hacerse tras el cruce de complicidades que se ha dado en Marivent. Es una desgracia, pero lo que le conviene al Gobierno no siempre le conviene a la Casa real.

02 julio 2008

La negación de lo evidente.

Zapatero ha estado negando de forma obstinada la realidad de una crisis económica que empieza a manifestarse con toda su crudeza. ¿Se ha tratado de un engaño deliberado a los españoles o es un problema de incompetencia del Gobierno para prever la evolución de nuestra economía?.

Personalmente me inclino por la primera opción, pero sea cual sea la respuesta que usted elija, nada exime al Gobierno socialista de su enorme responsabilidad por no haber previsto esta crisis y no haber adoptado a tiempo las medidas necesarias para contrarrestar los efectos más desastrosos sobre nuestra economía. La crisis actual es en buena medida resultado de la falta de previsión y de la incapacidad de este Gobierno para hacerle frente.

A pesar de la obstinación de Zapatero por negar la realidad, hoy pocos españoles tienen dudas sobre la verdadera dimensión de la crisis económica que padecemos. Una inflación por encima del cinco por ciento significa que cada día es más caro llenar la cesta de la compra o el depósito del coche. Para empeorar las cosas, la hipoteca, que para muchas familias supone la mitad de sus ingresos, crece de forma inexorable habiéndose duplicado prácticamente la cuota mensual en los últimos cuatro años. Todo esto significa que cada vez es mayor el número de familias que viven angustiadas para poder llegar a fin de mes.

El parón económico -España ha frenado en seco su crecimiento- está provocando como efecto más indeseable un aumento espectacular del paro. Hay ya casi 2,5 millones de parados en nuestro país, 200.000 más de los que heredó Zapatero, y cada días se suman tres mil más a esa lista de la desesperación. Las propias previsiones del ministro de Trabajo apuntan a que de aquí a un año podría haber en España un millón más de parados. No hay política más antisocial que aquella que destruye empleo.

Zapatero, que durante demasiado tiempo ha estado intentando engañar a los españoles negando la evidencia de esta crisis, añade ahora dos nuevas mentiras a su amplio repertorio al señalar que la culpa es exclusivamente de factores externos, como la subida del petróleo o de los tipos de interés, y que España está, gracias a él, mejor preparada que ningún otro país para hacer frente a esta crisis. Los datos comparativos con las principales economías europeas ponen al descubierto esta doble mentira.

La realidad es que España ha pasado con el Gobierno socialista de estar a la cabeza del crecimiento en Europa a situarse en la cola. Alemania creció un 1,5 por ciento en el primer semestre de este año, Francia un 0,6 por ciento, pero España lo hizo tan sólo un 0,3. Además, nuestra tasa de paro creció en los últimos meses más que en ningún otro país europeo. El paro femenino español es el doble al de la media de la Unión Europea. Y el diferencial de inflación respecto a la zona Euro ha crecido hasta superar un punto de diferencia.

El precio del petróleo ha crecido igual para todos los países europeos y los tipos de interés son los mismos para todos, pero hay países que gracias a las políticas económicas de sus gobiernos están sabiendo amortiguar los efectos de la crisis. Zapatero, por el contrario, se ha convertido con su falta de previsión, con sus mentiras y con su incapacidad para adoptar las medidas necesarias, en el principal factor de riesgo para nuestra economía.

Una vez que la crisis ha estallado en toda su crudeza es mucho más difícil contrarrestar sus efectos. En todo caso, las recetas a aplicar son justamente las contrarias de las que Zapatero está proponiendo. Hay que reducir los impuestos en vez de aumentar la presión fiscal, hay que reducir gasto en vez de crear nuevos ministerios al servicio de la frivolidad de alguna "miembra" del Gobierno, hay que favorecer el crédito a las empresas, hay que luchar contra la inflación en vez de castigar aún más a las familias como ha hecho el ministro Sebastián con la última subida de las tarifas eléctricas, y hay que recuperar la confianza de los actores económicos que se encuentra por los suelos. En todo caso, será difícil que podamos salir de esta crisis mientras Zapatero no salga previamente de La Moncloa.