28 mayo 2007

Esperamos las generales, ya!

Al contrario que la derecha española, el PSOE no ha efectuado transición alguna; jamás ha repudiado la guerra civil, sino que aún hoy repudia y combate a uno de los bandos, sin violencia, pero con igual intensidad. Entendiendo la Constitución como un instrumento, ha continuado por medios pacíficos la guerra total contra la derecha, negando que tenga cualquier legitimidad para gobernar democraticamente. Como pone de manifiesto su acción de gobierno, el PSOE continúa siendo un partido ideológicamente preconstitucional, lo que constituye una anomalía histórica para la izquierda y para el país, que es el que carga con el peso de una política que nos aleja de la nueva Europa.

Anclado en la Segunda República y con el recurso constante a la guerra civil, el PSOE se muestra incapaz de seguir a sus correligionarios europeos. Camina más bien en sentido contrario; en vez de pensar el siglo XXI, el PSOE sigue anclado en el XIX y en lo peor del XX. Las depuraciones ideológicas, las imposiciones caudillistas y el control total del partido y del Gobierno muestran a un PSOE con graves deficiencias democráticas, con un concepto de la política entendido como choque social contra la democracia liberal y occidental. La campaña electoral ha puesto de manifiesto este atraso histórico e ideológico de la izquierda española.


El carácter preconstitucional del PSOE ha saltado a la luz del día por la política de Zapatero, que está provocando reacciones aún de alcance desconocido. Los movimientos y manifiestos de la izquierda moderada española, los rumores de nuevos partidos políticos que sigan la senda europea apuntan a lo necesario de una reflexión de la izquierda. Un partido socialista europeo no puede comportarse como lo hace el PSOE de Zapatero. Podrá acometerla tras las elecciones de este fin de semana o tras las próximas generales, pero lo cierto es que el PSOE tiene la tarea pendiente de afrontar por fin y de una vez por todas su transición definitiva a la democracia.

Texto extraido del Grupo GEES.

08 mayo 2007

ZP sigue siendo un gafe para los candidatos europeos

Siempre le pasa igual: cuando Rodríguez Zapatero (ZP) intenta ayudar a un candidato en plena campaña electoral, lo que hace en realidad es hundirle hasta el fondo. Pasó con Schröder y ha sucedido de nuevo con Ségolène Royal. Claro que estas cosas siguen pasando porque el socialismo español es totalmente desmemoriado, amnésico. Sin ir más lejos, cuando hasta el sábado se estuvo difamando a Nicolas Sarkozy, calificándolo de rancio, y radical de la derecha extrema, hoy ya dicen que representa "un conservadurismo moderno y abierto". Así están las cosas: frente a los valores y principios que defiende Sarko, un chaqueterismo desvergonzado, aunque sólo sea de boquilla.

En realidad, a nuestro sonriente presidente se le ha debido quedar la sonrisa helada. Él sabía que Kerry iba a ganar y no se cansó de vaticinarlo, y también sabía que la Royal iba a ser la triunfadora. Pero ni Kerry ganó en el 2004, ni la chic Ségolène ha sido capaz de batir a Sarkozy, ese monstruo de la derecha.

Sin la Royal en el Elíseo, Rodríguez Zapatero se ha quedado más solo que la una en la vieja Europa, esa a donde quería retornar. Con Merkel no se entendía bien y, dadas las jugarretas que le ha gastado con Endesa a la empresa alemana E.On, ahora mucho peor. Con Sarkozy como ministro de Interior, Alonso y Rubalcaba no han traspasado la frontera de lo diplomáticamente correcto; mientras que el ahora presidente galo avisaba de que ETA se estaba rearmando, desde Madrid se le pedía que callara la boca y no pusiera en peligro el proceso de diálogo con la banda terrorista.

Ahora se abre una nueva etapa para Europa, con un núcleo central claro: la Alemania de Merkel y la Francia de Sarkozy. Rodríguez Zapatero no está invitado a sumarse a ningún eje emergente. Ni lo estará. Su apuesta por una constitución muerta y su actual posición de querer más constitución, no menos, choca de plano con la postura franco-alemana de avanzar hacia un mini-tratado (mini-tratado, por lo demás, que sólo salvaría la parte institucional y el mecanismo de voto, justo lo que más penaliza a España respecto a lo alcanzado en el Tratado de Niza por Aznar).

Rodríguez Zapatero apuesta siempre a caballo perdedor. La única esperanza internacional que le queda ahora es que después de que la secretaria de Estado de Bush se haya entrevistado ya con Siria, pueda venir por fin verse con Moratinos en Madrid. Al fin y al cabo, Siria e Irán son el eje en el que nos ha metido el Gobierno de ZP.

La política exterior de Zapatero nos deja en una posición cada vez más aislada.
Nicolás Sarkozy apoya al PP, ver el vídeo