15 diciembre 2006

Memoria sectaria

La Ley de Zapatero es la expresión formal y oficial de tal cierre, de tal crimen intelectual. La reparación de los crímenes del franquismo, dictadura reprobable como todas las demás, no es más que la revancha de quienes se consideran herederos del totalitarismo de izquierdas que redactó una constitución, la de 1931, sectaria y precursora de la Guerra Civil. Si antidemócrata era un bando, tanto o más lo fue el otro. La lobotomía cultural que pretende la izquierda española sólo puede tener nefastos resultados futuros. Y es que a la impostura intelectual que supone esta visión sesgada de la Historia de España se une la innecesaria y demencial división que introduce en la sociedad española que, con gran probabilidad, se plasmará en próximos años.

El consenso que parió a nuestra Constitución se basó, entre otras cosas, en facilitar la cohesión de los españoles en el tema de la Guerra y el franquismo. La España que nació en 1978 pretendía alejarse de los hábitos dictatoriales tanto como de los divisionistas. Pero tal parece que la izquierda no tenía en mente este diseño, sino otro. Esperó este sector político que el régimen democrático excluyese del poder a la derecha. Pero ésta, en su expresión desvinculada del pasado y modernizada como nunca, tuvo ocho años de gestión positiva, con Aznar, que defraudó a la eterna y siempre sectaria alma "progre".

Además de esta etapa de normalidad "popular", otro factor fue el que acabó por decidir al PSOE a avanzar en la venganza histórica. Se trata del ejército, convertido no ya en institución sumisa al poder civil, que es lo que debe ser, sino en una ONG que se avergüenza de su papel constitucional y carece de la capacidad operativa mínima para repeler una agresión externa. El diseño minimalista de ejército es, además de un error defensivo, un incentivo para desmembrar España en varias autonomías, por un lado, y en dos sectores ideológicamente antagonistas, por el otro. En un régimen constitucional nada justifica la acción incontrolada del ejército, pero mucho temor debía tenerle la izquierda o muy grave es lo que planearía hacer para esperar esta ocasión.

La Ley que se debate en las Cortes no es la que los más radicales de la izquierda deseaban, en la línea de las manifestaciones de ERC, IU y PNV, pero les abre las puertas pues se santifica políticamente la acción revanchista de una España contra la otra. De una España unida, condensada en la Constitución del 78, el PSOE reinventa dos, sin que nada más que la irresponsabilidad sustente su iniciativa.


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