04 diciembre 2006

Chávez y la resistencia high-tec

En Venezuela hay ruido de cacerolas, incluso grabado en casetes y CD-Roms para no tener que golpear los cacharros de cocina. Eso se llama resistencia high-tec. Hay ruido de sables en los cuarteles, sordo, pero extendido, de cuya intensidad recientemente fueron buena muestra las protestas públicas de un par de oficiales que dieron su do de ingle. Hay ruido en la prensa, que no se calla, aunque la acosen y amenacen. Hay ruido en los estadios y sitios públicos, cuando entra Chávez y el respetable le recuerda a la inocente autora de sus días. Hay ruido en los púlpitos de las iglesias, en las universidades, en las empresas, entre los campesinos. Es el ruido total.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué ese concierto? Algo curioso. Chávez se aprovechó del razonable descontento de los venezolanos con el mal funcionamiento del sector público y en tres elecciones sucesivas secuestró y rediseñó el Estado venezolano a la medida de sus fantasías revolucionarias. Cuando comenzó su carrera política tenía a la sociedad a su favor y al Estado en contra. Recurrió a las urnas, cambió al Estado, se lo pasó por el forro de una nueva república, y puso proa hacia un feliz destino libio-cubano basado en las locuras teóricas de un fascista argentino preñado por el fundamentalismo islámico en una temporada antisemita de pasión iraní. ¿Resultado? Ahora Chávez tiene el Estado a su favor y a la sociedad civil en contra.

El gorila rojo, Chávez, no entendía que los venezolanos no querían una revolución, ni a un presidente pelotero, ni a un charlatán de feria, ni enfrentarse a los vecinos colombianos respaldando a las narcoguerrillas comunistas, ni irritar a Washington, ni armar una verbena ?bolivariana? antiimperialista por medio continente, ni querían ejercer la caridad con el menesteroso Castro, tan viejo, tan pobre y tan loco, empeñado en mantener un sistema absurdo que es la versión socialista del perro del hortelano: ni produce ni deja producir. Los venezolanos sólo querían buena gerencia, crecimiento económico, honradez en el manejo de los recursos, sensatez y caras nuevas. La indignación general que llevó a Chávez al poder no era contra el sistema sino contra sus fallos. Las cuatro décadas de libertad y democracia que los venezolanos habían disfrutado desde la caída de Pérez Jiménez habían calado hondo: estaban inconformes, pero eran profundamente demócratas y adictos a la libertad y la tolerancia.

Naturalmente, a un pueblo con esas características es muy difícil arrastrarlo voluntariamente a un sistema totalitario. Los venezolanos, con cierta dosis de ingenuidad, permitieron que Chávez creara una maquinaria estatal al servicio de sus delirios, pero cuando le vieron las orejas al dictador salieron a protestar. Pronto descubrieron que con Chávez había más corrupción que en el periodo democrático. Y había más ineficiencia, más despilfarro, más arbitrariedades. Chávez había multiplicado los males de sus antecesores, pero les añadía el peligroso aditamento de una aventura revolucionaria latinoamericana que crispaba a toda la sociedad: en menos de tres años se había peleado con la Iglesia, con los sindicatos, con los estudiantes y con las tres cuartas partes de las fuerzas armadas. Según las encuestas más fiables, hoy la proporción de quienes lo apoyan anda por el 20%. El 80 restante lo quiere fuera del gobierno, y de ser posible, disfrutando de la cálida hospitalidad habanera.

El panorama, pues, es muy obvio: Chávez no puede hacer su revolución porque tiene a casi todo el país en contra. No puede apoderarse de los periódicos, ni fusilar enemigos al amanecer, ni apalear a los indiferentes hasta convertirlos en sujetos dóciles a su voz de mando, ni puede extender los tentáculos de su policía política, porque son decenas de miles los militares que aborrecen su gobierno. La sociedad civil, por otra parte, carece de mecanismos legales para poner fin a esta pesadilla porque las instituciones del Estado están en poder de Chávez. ¿Cómo se rompe este empate? Probablemente, cuando la nación se haga aún más ingobernable y el locuaz coronel tire la toalla ante las presiones que tendrá que sufrir desde todos los ángulos.

Nota final: cuando Chávez sea historia antigua tal vez prontohabrá que evaluar el papel de seis mujeres periodistas en esta batalla de la sociedad civil contra el Estado. Chapeau ante estas mujeres aguerridas e incansables: Patricia Poleo premio de periodismo Rey de España, autora del apasionante libro Tras la huella de Montesinos, Marianella Salazar, Martha Colmenares, Eleonora Bruzual, Ibéyise Pacheco y Maky Arenas. ¡Dios mío! Contra esa media docena de mujeres no hay quien pueda. Chávez y eso se veráno puede ni podrá.

4 comentarios:

Martha Colmenares dijo...

Muy acertada reflexión y una clara comprensión del contexto histórico político venezolano. Muy particularmente ante los resultados electorales he dicho, ?estoy de luto?, más no sorprendida, de un hecho anticipado. Que si a ver vamos, nos ha permitido a la oposición en mi país, poder ganar una gran batalla que siempre tuvimos perdida. Cuando hemos sido acusados sin contemplación de golpistas, resulta ser, que hemos vuelto a dar lecciones de una gran vocación democrática.

Así es: ?estaban inconformes, pero eran profundamente demócratas y adictos a la libertad y la tolerancia?.

Un abrazo, Martha Colmenares

Bruz dijo...

Compadres, no se ..... Pero tal vez tengan una visión un poco romantica de la realidad Venezolana. Aqui les dejo 3 de mis últimos post por si quieren ver otra cara de la tragedia.
Alicia, El conejo y Hugo Chávez
PRESIDENCIALISMO VENEZOLANO
e-LECCIÓN VENEZOLANA
Me disculpen si trato la realidad de manera cruda, pero no me gusta andarme con eufemismos. Además, ya sabran Uds si mis palabras no concordan con lo sucedido y con lo que vendrá.

Alberto Martinez dijo...

Muy buena su pagina web. Y el esfuerzo por mostrar historia venezolana, cuando ni siquiera aqui en este pais llamado Venezuela se hace historia. El impacto del triunfo de Hugo Chavez, reelecto en condiciones que hoy dentro de los venezolanos se debaten en toda clase de contradicciones y eufemismos, es una autentica guerra fraticida, porque creo que falta aprender como se le hace para salir de una dictadura disfrazada.

Saludos fraternales desde Venezuela.

Alberto Martinez.

Anónimo dijo...

Estas muy equivocado Chaval!
Venezuela, tiene a un 85% de la poblacion que habita dentro de una marginalidad chabolera galopante, criadero de macarras y putas, unos marginales por toda la linea, que viven entre la basura, las cucarachas y las moscas como si nada, se parecen cada vez mas a esos paises africanos donde se ven a cadaveres vivientes con las moscas caminandole por el rostro y ellos como si nada, Esa gente bien sabe que no estarán mejor ni vivirán mejor en comunismo, pero están gozando como un crio en el circo, viendo como los de arriba terminan igual de jodidos que ellos. El miserable endogeno venezolano no aspira justicia ni superación de su nivel de vida. Sólo aspira ver a los de arriba comiendo mierda, igual que ellos, para que todos sean iguales. Es decir, al igual que Chávez, lo que quiere el pueblo es que todos coman mierda pareja.

Tomas Anibal de todos los Santos