25 septiembre 2006

Rubianes y sus ridículos titiriteros

Como el público no suele respaldar de buena gana sus obras, las tenemos que subvencionar por la fuerza y además pagar el peaje político que ellos nos quieran imponer, porque en su soberbia ellos se creen La Cultura.

Más de 400 actores, escritores, directores y demás artistas españoles han firmado un manifiesto en el que animan al director del Teatro Español, Mario Gas, a no ceder ante hechos ajenos al mundo del teatro, como la polémica surgida por la programación del espectáculo "Lorca eran todos" de Pepe Rubianes. Lucía Echevarría, la directora teatral Carme Portaceli, la actriz Verónica Forqué, el bailarín Antonio Canales, Juan Diego, Julio Medem, Candela Peña o Rosa Novell y el cantante Javier Gurruchaga, según ha informado la plataforma Factoría Escénica Internacional, expresan su total rechazo a "cualquier interferencia política y mediática en el terreno abierto y libre de la cultura", como ha sucedido con la suspensión de la representación de esta obra en el Teatro Español, a causa de las amenazas violentas realizadas por determinados sectores de la sociedad.

¿Y no era una interferencia en política el apoyo de muchos de ellos a la negociación del PSOE con ETA o los numeritos que montaron con ocasión de la guerra de Irak?

Según parece "ellos" sí pueden interferir en política lo que les venga en gana, pero como deben creerse que están por encima de los demás, ellos no están dispuestos a que nadie critique sus actuaciones y comportamientos. Y es que toda esta polémica tiene su origen en el comportamiento antidemocrático y absolutamente falto de educación cívica de Rubianes, pequeño detalle que estos mentirosos han cuidado en omitir.

Ya es hora de acabar con la prebenda y la subvención para estos "profesionales del cuento" y que se ganen las habichuelas con su esfuerzo y su talento y no a costa del dinero de los impuestos de todos los españoles. Porque la primera medida para acabar con las interferencias políticas en la cultura es acabar con la subvención del poder político y que aquellos que aspiran a montar un espectáculo teatral o cinematográfico, igual que ocurre con los escritores, dependan del éxito de sus obras y no de la mamandurria pública. Pero como el público no suele respaldar de buena gana sus obras, las tenemos que subvencionar por la fuerza y además pagar el peaje político que ellos nos quieran imponer, porque en su soberbia ellos se creen La Cultura.

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