13 septiembre 2006

El circo de Zapatero. Miles de problemas sin resolver

La España política cobra aires de circo. Y cuando un circo no funciona como debiera se suele decir que al director le crecen los enanos. ZP cree llevar bien las funciones y no para de sonreír, aunque la verdad es que cada día da la impresión de hacerlo con menos convicción. Su antigua sonrisa de los primeros tiempos de su mandato se va convirtiendo en una mueca. Y es lógico que pueda ser así. Porque a fuerza de pisar charcos, prometer imposibles y arriesgar actitudes innecesarias va camino de atascarse en la inaudita senda emprendida. A fuerza de asumir el papel de "vendedora" de productos inasumibles, De la Vega, o de la Vogue, va perdiendo el cartel de "guapa" que ayer brillaba en la acción. Desde Senegal, a propósito de los arreglos intentados con las autoridades de aquel país, le han enviado una solemne bofetada morena. Al mismo tiempo, Pepiño Blanco dice que el mercado laboral español predestinado para los emigrantes está saturado. Y va un subalterno de la Administración y al día siguiente dice lo contrario. El crédito político se va, por consiguiente, reduciendo a fuerza de contradicciones. El hombre imaginativo que pasa por ser Zapatero se pierde en los enredos de sus fantasías. Le favorece una suerte que con razón le atribuyen algunos, o muchos, pero que puede acabarse. ETA ha dejado de disparar, de disparar balas, aunque dispare cócteles molotov, pero la kale borroka ha recibido instrucciones de actuar, del mismo modo que los presos etarras van planteando poco a poco actitudes peligrosas para la imagen del inquilino de Moncloa. Y en las calles de Vascongadas se multiplican las manifestaciones pro amnistía para asesinos criminales redomados, en una perfecta combinación de acciones de dentro a fuera y de fuera a dentro. A Eso se llama sinergia, sí señor.

A Zapatero no sólo le crecen los enanos, sino que además se le dividen. El PSC, el partido de los socialistas catalanes, promete empeorar las relaciones con ZP a poco que el charnego Montilla (que sigue debiendo millones a La Caixa) sufra un empeoramiento de sus achaques nacionalistas. Este personaje sólo recuerda que es de Iznájar para que le voten los andaluces de Cornellá. Luego no tardará en olvidar sus orígenes cordobeses. Lo malo para él es que puede perder las elecciones catalanas en su pugna con Arturo Mas, en mayo, esta vez sin plenas garantías de reconstruir el tripartito coronado de espinas y alacranes.

El desgobierno de Zapatero ha avalado con su presencia y su concreta compañía a los correligionarios catalanes que apoyaron al impresentable de Rubianes (el sujeto que insultó a España llamándola puta y otras lindezas) durante la celebración de la Diada de Cataluña, el 11 de septiembre. Ayer ministro de Industria y hoy compinche de actitudes con dos nacionalistas feroces que deben de odiar a España, aunque sean socialistas todavía formalmente vinculados al PSOE, el de la "E", y que no perdieron la ocasión para proclamar, en una pancarta de su organización juvenil, que efectivamente, para ellos, España es una, eso, una ramera, porque, según el mensaje que portaban, "tots som Rubianes" ("todos somos Rubianes"). Y al lado de Montilla, su sucesor en Industria, Juan Clos, reforzaba como nuevo ministro del Gobierno "español" aquella ofrenda floral a Rafael de Casanova, que no quiso, durante la Guerra de Sucesión, a Felipe V y sí a otro pretendiente al trono que no era Borbón, sino Austria. O sea, que en el fondo Casanova podía pasar por menos nacionalista que los acompañantes de Montilla y Clos. Por cierto, buen estreno el del nuevo ministro. ZP cada día más certero con el "dedazo". Ahora le prepara a López Aguilar, en Justicia, no un sucesor, sino una sucesora. Será por aquello de la cuota femenina.

Inmigración

Otro frente abierto y sangrante es la Inmigración. El desgobierno de Zapatero no sabe qué hacer con el problema de la inmigración ilegal, que debe de estar afectando de lleno a las encuestas de intención de voto en detrimento del PSOE, motivo por el que han salido a la desesperada el propio Zapatero, la vicepresidenta De la Vega (Vogue)y el secretario de desorganización sociata Pepiño Blanco, anunciando un vuelco a la fracasada y absurda política sobre emigración en línea con lo que venían diciendo los primeros dirigentes del PP, al que ahora le piden lloriqueando desde el Ejecutivo un pacto de Estado.

A la vez el Rodriguez, en busca de una solución europea a un problema que con el que no puede España, ha decidido hacer importantes concesiones políticas: a Francia con el envío de 1.100 soldados a la guerra de Irak y a Alemania retirando de manera sorprendente y súbita los obstáculos puestos a la OPA de E.ON sobre Endesa. Lo que da una idea del desconcierto y la desesperación del Gobierno ante la crisis migratoria que está produciendo efectos demoledores en las expectativas electorales del PSOE.

Un gobierno que, lejos de admitir su desastroso y patético error de regularizar a 580.000 ilegales como lo hizo el Gobierno el pasado año, ahora intenta reconducir el problema y pide árnica y ayuda al Partido Popular, al que la vicepresidenta De la Vogue solicita un pacto político, como el que hace días le pidió para el envío de tropas a Líbano o como el que muy pronto le solicitará para la negociación con ETA, que permanece bloqueada y a la espera de acontecimientos por parte de ETA-Batasuna que, de momento, no se han movido un ápice en sus posiciones, exigiendo previamente la constitución de una mesa de partidos para debatir el futuro autonómico o seberanista de Vascongadas.

El Gobierno del PSOE corre perdiendo el culo detrás del PP, temeroso de perder votos, y le está dando la razón en todos los frentes, en el de ETA-Batasuna pronto, pero ya en el caso de E.ON y sobre todo en el grave asunto de la inmigración ilegal, donde para colmo se ha detectado la discrepancia abierta entre el hoy responsable del PSOE, Blanco, y el equipo del ministro Caldera, que cada día que pasa está más en entredicho y que sin lugar a dudas constituye un obstáculo difícilmente salvable para que se alcance un acuerdo entre PSOE y PP en esta materia.

Y esto es, precisamente, lo que dijo Rajoy cuando señaló que hay que quitar esta competencia a las Autonomías y trasladarla a la Unión Europea, además de poner por ley medidas disuasorias tan evidentes como la prohibición de regularizaciones en bloque para disuadir a los emigrantes e intentar desactivar el efecto llamada de la gigantesca regularización de cientos de miles de inmigrantes ilegales de hace ahora un año.

Difícil será, aunque lo implore De la Vogue más con la intención de culpar al PP que de buscar un acuerdo, que PSOE y PP lleguen a un pacto político sobre inmigración o sobre cualquier otra cuestión política, porque abiertas siguen las heridas y discrepancias del Estatuto catalán y de la negociación con ETA, ambas iniciativas del desgobierno por encima o bordeando la legalidad. Aunque habrá que esperar a ver qué ocurre, porque esta nueva batalla política no ha hecho nada más que comenzar.

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