03 julio 2006

La democracia española bajo mínimos

Los escasos niveles de Democracia plena de los que disfruta el sistema político español se han visto reducidos a su mínima expresión bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en su empeño por imponer un nuevo modelo de Estado por encima del actual marco constitucional con la reforma del Estatuto catalán; sometiendo a su propio interés político el Estado de Derecho, con la palanca del fiscal general del Estado, para facilitar la negociación ilegal con ETA y Batasuna; controlando el grueso de los grandes medios de comunicación audiovisuales con la concesión de dos nuevos canales de televisión, La "Secta" y Cuatro (del "imparcial" Gabilondo), ambas al servicio del PSOE-PRISA; y finalmente marginando y despreciando al Parlamento, como lo hemos visto el pasado jueves cuando el esperado debate sobre el inicio de la negociación con ETA, al que se comprometió el presidente en el Congreso de los Diputados, fue sustituido por unas conversaciones en la oscuridad del ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubal-cabra, con los portavoces de los grupos parlamentarios.

Zapatero se esconde e incumple su promesa de informar a las Cortes para anunciar el inicio de las negociaciones con la ETA: El Presidente confirma que los casi 1.000 muertos a manos de la banda criminal no han servido para nada, anunciando que concederá la autodeterminación de las Vascongadas.

Los que, como corderitos, acudieron obedientes a la llamada, ni más ni menos, del hombre que representa la violencia legítima del Estado ?el Leviatán?, la que el propio Parlamento debe vigilar y controlar. Si el Senado es una Cámara inútil que no aporta nada al parlamentarismo español, este episodio del ninguneo del Parlamento en una cuestión tan relevante como el inicio de la negociación con la banda terrorista que ha asesinado a más de ochocientos españoles constituye un menosprecio y una burla a la soberanía nacional que deja al desnudo la verdadera realidad del sistema político de este país, donde no existe más poder que el del Ejecutivo, por encima de todos los demás, e incluso de la representación soberana de los ciudadanos, que delegan en las siglas de un partido su voto y con el todo el poder del Estado que recae en manos del jefe de la tribu o de la formación política que recibe más sufragios.

Obcecados por la noticia del inicio oficial de las negociaciones con ETA ?que se llevan celebrando año y medio en secreto y en la mayor ilegalidad?, los partidos políticos, y de una manera especial el PP, no han denunciado la burla del Parlamento y, al contrario, han vuelto a ser engañados acudiendo a la cita con el ministro del Interior, al que debieron exigirle que informara a la Cámara, renunciando a esa extraña confesión en secreto con la que se ejemplarizaba la sumisión del Congreso de los Diputados al poder Ejecutivo en la persona del menos garantista de sus ministros, el titular de Interior, que para colmo de males ha sido y es el látigo negro de muchas de las desgracias del PP.

Convendría que alguien repasara el comportamiento del Gobierno y del Parlamento del Reino Unido cuando John Major y Tony Blair decidieron abordar las negociaciones con los terroristas del IRA irlandés. Pero eso no se hace ni conviene, y mucho menos a esos que utilizan el ejemplo del IRA para justificar los abusos y errores de Zapatero pero que lo ocultan cuando se trata de poner en valor la democracia y la autoridad del Estado ante los terroristas y sus fanáticos dirigentes nacionalistas, como se puede apreciar de manera muy explícita en estos momentos con motivo de la advertencia del Gobierno de Londres de suspender definitivamente la autonomía del Ulster. Algo que conviene apreciar en un momento en el que Zapatero acaba de declarar, renunciando a la responsabilidad estatal en la unidad territorial del Estado, que respetará la decisión de los vascos en el proceso.

La Democracia española está bajo mínimos, sumergida bajo un gigantesco aparato de propaganda y encantada con la adormidera de la bonanza económica y los espectáculos deportivos y de todo orden camino de las vacaciones estivales, y advertida de que no se puede fumar ni conducir con exceso de velocidad, pecados de menor cuantía de los que en la política simplifican todo entre buenos y malos, izquierda o derecha, y en este caso también entre vencedores y vencidos, porque el debate de la memoria histórica y regreso al pasado se ha convertido en otra cortina de humo para que la derecha se desvíe hacia las posiciones más extremas, y para que la izquierda abandere un republicanismo que nada tiene que ver con la Democracia, el Estado de Derecho y la libertad.

Y todo ello adornado con el trauma nacional y electoral de los atentados madrileños del 11M, que la derecha más exaltada no deja de jalear buscando una conspiración que de alguna manera justifique su derrota del 14M del 2004 y tape sus abusos y mentiras. A la vez que el Gobierno aprovecha este error para levantar una y otra vez el fantasma de la guerra de Iraq y del antiamericanismo más primitivo, mientras juega como el gato con un inocente ratón con la derecha confesional y la Conferencia Episcopal, con sus nuevas conquistas civiles y sociales ?bodas de homosexuales, divorcio exprés, Ley de Igualad, etc.? que hacen bramar a los sectores más radicales del PP que están conformando una nueva tendencia de extrema derecha en el seno de este partido, en la que figuran como los activistas y promotores los medios de comunicación más aguerridos del PP, y ahora la Asociación de Víctimas del Terrorismo, convertida en casi un ultrapartido político.

No valorar el rol que desempeñan, a una y otra orilla del río Bravo español, los medios de comunicación que encubren y amparan al Gobierno en el desvarío del Estado, y los que empujan al PP hacia la extrema derecha, sería un error a la hora de valorar la crisis nacional en curso. Aunque mayor todavía puede serlo perder de vista la suplantación de la Democracia por una autocracia populista y personal en la que todo gira alrededor de una sola persona, y de un solo proyecto político, a pesar de la incertidumbre y falta de consistencia de ambos, el Gobierno, el Parlamento, la Justicia, la Prensa, el Consejo de Estado, el Banco de España, el Tribunal de la Competencia, la CNMV, etc., y veremos si también el Tribunal Constitucional.

Lo ocurrido la pasada semana en el Parlamento es un ejemplo más que curioso que ha pasado casi inadvertido, a pesar de ser en todo esta crisis un ejemplo crucial.

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