13 junio 2006

Zapatero no quiere el pacto con Rajoy

Los hechos son tozudos y no hace falta darle más vueltas. Zapatero no quiere un pacto con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, ni con el PP porque ese pacto le obligaría a romper o a poner en riesgo sus relaciones con las fuerzas nacionalistas que hoy lo mantienen en el poder, y que podrían ayudarle a renovar la presidencia en el 2008. Lo vimos en las negociaciones sobre el nuevo Estatuto catalán, y ahora con la mayor nitidez ante el inicio de las negociaciones con ETA cuando un generoso Rajoy, que ofreció su apoyo al Gobierno, se vio maltratado, engañado y burlado en el mismo día del debate de la nación, a cuyo término se anunció el encuentro ilegal entre el PSOE y Batasuna.

Semejantes hechos no pudieron ser simples errores, como se ha dicho desde el PSOE, porque de lo contrario habrían rectificado. Eran decisiones premeditadas que buscaban ridiculizar a Rajoy y provocar una crisis interna en el PP, porque a las pocas horas de que Rajoy apoyara a Zapatero y fuera engañado por el presidente los portavoces de la Moncloa corrieron la siguiente consigna ante los medios de comunicación: "Rajoy está acabado". ¿Por qué querría liquidar políticamente desde Moncloa a un líder del PP que les ofrecía apoyo para negociar con ETA? Muy sencillo, porque Zapatero no quiere el pacto con Rajoy ni con el PP, sino con los nacionalistas, aislando de paso al PP, con la vista puesta en unas elecciones anticipadas o en la generales del 2008.

Y por si algo faltara en estos despropósitos del Gobierno y del PSOE camino de la ruptura, ahí están los continuos desplantes o insultos de su portavoz, José Blanco, que calificó la manifestación del pasado sábado en Madrid de "desahogo del PP".

Las relaciones entre el PSOE y el PP están rotas y tienen difícil acuerdo en la presente legislatura por causa de unos flagrantes desencuentros que se iniciaron en la recta final de la campaña electoral de las elecciones del 14 de marzo del 2004, en las que el PSOE acusó al entonces Gobierno de Aznar de mentir sobre la autoría de los atentados del 11M y en las que el PP acusó al PSOE de lanzar una campaña de acoso y mentiras contra las sedes y los candidatos del PP. La victoria de los socialistas, en contra de los iniciales pronósticos electorales y tras la crisis de la masacre madrileña, dejó abiertas muchas de las heridas que aún hoy impiden una relación fluida y de confianza.

Sobre todo porque, a raíz de estos hechos y tras el pacto establecido entre el PSOE y los nacionalistas catalanes de ERC, Zapatero puso en marcha un plan de aislamiento del PP sellado en el llamado Pacto del Tinell, y luego extendido a sus planes de reforma del vigente modelo de Estado camino de un formato federal que se inició con el Estatuto de Cataluña y que ahora se extiende hacia la decisión del Gobierno de abrir la negociación con ETA y Batasuna, haciendo dejación del Estado de Derecho en aras de una presunta y nueva "realidad social", que no será tal si falla el consenso entre las grandes fuerzas políticas, como ahora ocurre.

En el camino hacia esta nueva situación se han quedado otros fracasos notables, como el presunto acuerdo para establecer un grupo de trabajo sobre la reforma autonómica entre Rajoy y Zapatero, que el presidente no puso en marcha tras la presión de sus socios de ERC; la no convocatoria del Pacto Antiterrorista, aplazada una y otra vez; divergencia en políticas y leyes puntuales como la educación, exterior, matrimonios homosexuales, inmigración y Ley de la Defensa Nacional.

Aunque la ruptura más flagrante está relacionada con la anunciada negociación por el Gobierno con ETA y Batasuna. En esta cuestión el presidente del Gobierno aparentó desde un principio querer el apoyo del PP ?como meses atrás lo hizo con motivo del Estatuto catalán? y prometió respetar las líneas rojas señaladas por Rajoy y mantener un diálogo directo con el líder de la oposición. Pero el presidente no sólo no ha cumplido nada de todo lo que había prometido sino que ha engañado y maltratado a Rajoy, a la vez que le ha lanzado nuevos desafíos, violentando la legalidad, como el anuncio de la entrevista entre el PSE y Batasuna, hecho público a las pocas horas de que el líder del PP renunciara a hablar de ETA en el debate de la nación y renovara su apoyo a Zapatero.

Para algunos analistas Zapatero ha tomado estas últimas decisiones como consecuencia de las amenazas de ruptura de la tregua lanzadas por ETA, que según el entorno del Palacio de la Moncloa ponían en riesgo el proceso. Pero si fuera así: ¿por qué Zapatero no informó a Rajoy de todo ello antes de anunciar el encuentro con Batasuna? ¿Por qué dieron la noticia nada más concluir el debate de la nación? ¿Por qué no desmientieron la puesta en marcha de una mesa política de negociación en el País Vasco cuando antes el Gobierno y el PSOE habían dicho todo lo contrario? ¿Por qué todas estas mentiras?

Sólo existe una explicación: Zapatero ha decididoavanzar en la negociación con ETA sin el apoyo del PP, y lo único que le preocupa es que la opinión pública piense que es el PP el que no quiere la paz y no el Gobierno. Lo mismo ocurrió cuando se intentó crear una mesa de debate y diálogo sobre el Estatuto catalán, lo importante no era el consenso estatutario sino transmitir la imagen del aislamiento y la soledad del PP frente a todos los demás, que es lo que piensan escenificar en el Congreso de los Diputados en el momento en que Zapatero acuda a pedir permiso para negociar con ETA.

Por qué este empeño de Zapatero de no contar con el PP para cuestiones de Estado? Pues porque a lo mejor está preparando unas elecciones generales anticipadas, o porque sigue empeñado en una España de izquierdas y federal y sabe que eso es imposible con la colaboración del PP, y no quiere correr el riesgo de perder sus pactos con los partidos nacionalistas que le garantizarían su permanencia en el poder en el 2008, salvo que el PP obtuviera entonces una mayoría absoluta.

En consecuencia, Zapatero no quiere un pacto con Rajoy, sino culparlo de la ruptura entre Gobierno y oposición, para mantener su prioridad con los nacionalistas y buscar un segundo mandato al frente del Gobierno de la nación.

Por Pablo Sebastián

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