20 junio 2006

Alarma social ante la excarcelación de asesinos etarras

Un total de 73 criminales y asesinos etarras saldrán de la cárcel en los dos próximos años (47 en 2006 y 26 en 2007). Muchos saldrán a la calle habiendo cumplido sólo dos tercios de su condena y sin el menor asomo de arrepentimiento. Es el caso de ?Kubati? y ?Troitiño?. No es exagerado afirmar que muchos asesinos, cuando regresen a sus pueblos, serán recibidos como héroes.

Allí, hasta puede que los nombren hijos predilectos. A muchos no les costará ningún esfuerzo reintegrarse en la sociedad y tener un trabajo. Con su título de la Universidad del País Vasco debajo del brazo, lo encontrarán fácilmente. Se pasearán tranquilos por las calles del pueblo, ufanos, y cuando se crucen con sus víctimas... Ésa es la gran pregunta.

¿Qué harán cuando se crucen con las víctimas?
¿Y las víctimas con ellos?
¿Podrá pedírseles a éstas que sigan confiando en el Estado de Derecho?

Las excarcelaciones de etarras multiplicarán por 73 los casos como los de los Ulayar, como el de Pilar Elías.
Esto va así. Unos nacen, otros mueren. Pásense, si pueden, por Estambul. Hace siglos se llamaba Constantinopla, era la ciudad más populosa y poderosa de la Cristiandad, capital de un imperio que parecía inmutable.

Los turcos no les dejaron a los bizantinos ni los ojos para llorar. Y estos mismos turcos fundaron a su vez un poderoso imperio que se extendía por Europa hasta las puertas de Viena, con toda Asia Menor y el norte de África. Hoy son un país de tercera, relativamente pobre y atrasado y confinado a la península de Anatolia y un trocito de Europa.

?Lo primero España, y sobre España, ni Dios?, blasfemaba un conocido literato falangista. Sin llegar tan lejos, hay muchos que consideran impensable la ruptura de España. Se equivocan, naturalmente. ¿Por qué España tiene que ser eterna? Nada lo es. Sobre todo, quienes se lamentan de que España se rompa, ¿qué han hecho?; ¿qué hacen? Zapatero no ha aterrizado en La Moncloa recién llegado de Venus: lo han votado los españoles.

Más aún: el Estatuto catalán quizá consagre el fin de la España que conocemos, pero no es más que la puntilla, el empujoncito final a un muro ya totalmente agrietado. Los españoles han tolerado que en Cataluña se enseñe el victimismo antiespañol cada día en los colegios desde hace décadas, que se ninguneen los símbolos nacionales, que se pisoteen los derechos de los castellanohablantes. Recogemos lo que hemos sembrado, nada más.

Más triste es el caso de Cataluña, cada vez más dominada por la superstición nacionalista, una de las religiones más tontas, agobiantes y decepcionantes. La exaltación de la patria a expensas de los ciudadanos, la constante apelación a los derechos colectivos sobre los individuales no lleva al fascismo: es fascismo, por muchas urnas, parlamentos y elecciones que haya.

El nacionalismo no es una ideología, porque no responde a la pregunta de cómo organizar la sociedad, no nos dice nada sobre cómo gobernar, sólo quién va a hacerlo, los augures de la tribu.

1 comentario:

Geshcann dijo...

Esta genial este post, de verdad... aunque da un poco de miedo...Constantemente escuchamos a aquellos quienes dicen que España no se puede romper, que llevamos más de 500 años juntos y esto no se rompe...pero, ¿no cayó el imperio romano? ¿no cayó el imperio mogol?

Lo del nacionalismo es increible, de verdad. Hoy todo el mundo se apunta, lo que vende es ser más o menos nacionalista en una especie de 'salvese quien pueda' dando por hecho claro, que el barco se hunde. Yo siempre he pensado que el nacionalismo no tiene futuro, que sirve para que un grupo chupe del bote por un tiempo, que es una 'moda' que acabará pasando y que nunca conseguirán sus objetivos... pero ahora, con ZP en La Moncloa veo que en España todo es posible...

Saludos!!!