29 diciembre 2005

ZP y su desgobierno sigue MINTIENDO

 

Una fragata española ha estado dando apoyo logístico al portaaviones estadounidense Roosevelt en sus acciones de guerra sobre la frontera sirio-iraquí.


Nada más previsible. No hay política sin guerra. Negarlo es demagogia.


Demagogia. Todo cuanto concierne a la ligazón entre lo político y lo militar se mueve, en las sociedades modernas, en la más tenaz de las invisibilidades. Es lógico. El inconfesable axioma del mundo que nace en la última década del siglo XVIII es éste: que política y guerra son nombres de lo mismo.


 Y que todo trazado de fronteras precisas, de matices siquiera, entre ambos vocablos es estrategia de ocultación: acto de guerra, la ocultación misma; quizá el acto de guerra más paradigmáticamente moderno. Si la guerra no fuera la condición normal de las sociedades complejas en las cuales vivimos - pero también las, sólo en apariencia, menos complicadas sociedades tribales serían en rigor inexplicables sin la sombra perenne de la determinación guerrera- , ninguna explicación habría para la existencia del Estado mismo. Administración y automatismos económicos bastarían para dar razón de una angélica inocuidad. El Estado - y la política con él, pues que política no es más que el indeciso combate por la apropiación del Estado- es otra cosa: máquina de constricción; material y anímica; conjunto de dispositivos que permiten plegar ánimos y quebrantar cuerpos. Quienes citan mal al asombroso Clausewitz, quienes citan el descomunal Vom Kriege sin haberlo leído, creen quedar satisfechos con la canónica frase según la cual la guerra es esa «prolongación de la política por otros medios », que acaecería tan sólo en extremos puntos de quiebra del apacible curso de lo político. Muy consolador.


Pero demasiado absurdo para que un talento analítico como el de Clausewitz lo repita. A no ser superpuesto a este otro, que le da toda su
gravedad: «En su nivel más alto, la guerra se convierte en política..., la guerra es política y es, en sí misma, acción política..., su gramática puede ser propia, pero su lógica no ». Se puede, claro está, negar legitimidad a cualquier acción guerrera. En la medida exacta en que se niegue cualquier legitimidad al Estado, a todo Estado. Ambos, Estado y guerra, van en el mismo lote. Y, como en los grandes dilemas pascalianos, no queda aquí más que optar entre ambos polos de una apuesta a la cual nadie puede sustraerse: o Estado (esto es, lógica de la guerra) o no-Estado (esto es, ausencia de lógica). Como sucede siempre en las apuestas metafísicas cruciales, los dos polos son mortíferos.

Una fragata española ha operado, parece, en el bombardeo del Roosevelt sobre la frontera sirio-iraquí. Nada hay de reprochable en ello. Salvo el haberlo consumado de forma clandestina. E ilegal. Por supuesto.



Nota: Publicado en el diario LA RAZON el miércoles, 28 de diciembre de
2005.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es obvio que miente la izquierda política, por pura necesidad, pero es aún más torpe y perniciosa la mentira de la izquierda cultural. Ésta siempre va muy por detrás de sus jefes políticos. Casi sin excepción alguna, los representantes de la izquierda cultural mienten sin reparo alguno. Todos ellos, sí, los ?artistas?, ?escritores?, ?fotógrafos? y todos los que se llaman a sí mismos ?gentes de la cultura? de izquierda, dicen no entender demasiado de cuestiones concretas, cuando se les indican las mentiras del Gobierno. Mienten.