06 diciembre 2005

Los matones por Alfonso Ussía

El pasado miércoles, al llegar a la COPE, me sorprendió
una numerosa cola de gente normal y pacífica que aguardaba su turno para firmar
su adhesión a la cadena, amenazada por los fascistas del pensamiento único.


En el estudio, durante los cortes de publicidad, nos
informaban de lo que ocurría en la puerta principal de la calle Alfonso XI. Que
seis mamarrachos con caretas y uniformados con monos amarillos se habían
encadenado a los ventanales de la COPE mostrando una pancarta que decía
en catalán: «Paremos la cadena del odio».


Comenté con Federico Jiménez Losantos lo que harían a
seis defensores de la Constitución en la misma situación y en Barcelona. Los
hubieran apaleado. Pero aquí, la buena gente de la calle no les hizo apenas
caso. La tensión subió cuando llegaron, con chulería himmleriana, dos diputados
de ERC para apoyar a sus títeres.


Se trataba de Joan Tardá y Joan Puig, este último, experto en
invadir con sus huestes propiedades privadas, como la piscina de Pedro Jota en
su casa de la Costa de los Pinos. - A propósito, Pedro Jota, ¿has limpiado ya
los filtros de la depuradora? Te lo recuerdo, porque estos de ERC no tienen
aspecto de ser escrupulosos con el aseo diario- . La buena gente de la calle no
daba crédito a lo que veía. A dos diputados, a dos representantes de la
soberanía nacional, manifestándose ante una emisora de radio exigiendo su
clausura. La buena gente seguía firmando en el libro de adhesiones ajenos a la
provocación de los diputados.


Aparecieron varios coches de la policía, y los agentes se
llevaron a los mamarrachos e invitaron muy amablemente a los dos incitadores de
la violencia a abandonar el lugar. Según ellos, se trataba de una «manifestación
pacífica». Pacífica, gracias a la educación y la paciencia de los centenares de
ciudadanos allí congregados para firmar a favor de la independencia informativa
y la libertad de expresión. Cuando se acomodaban en la parte trasera del coche,
se oyó un insulto, el único, y a los matones se les puso la cara más blanca que
el más puro de los alhelíes. Muy valientes. En una cafetería cercana al lugar de
los hechos - lo cuenta Raúl del Pozo- , el tal Tardá comentó en voz alta que de
haber seguido cinco minutos más, habrían sido agredidos. No, Tardá. La gente no
es como ustedes. La gente quiere paz, pluralidad, derecho a informarse en
libertad.


La gente no va por ahí amenazando, ni allanando propiedades
privadas, ni excluyendo a los que no piensan como ellos. La gente trabaja,
descansa y cada mañana, se baña o se ducha, y cuando se viste no lo hace de
maniquí mussoliniano. La gente no quiere pegar a nadie, al menos la que se puede
encontrar en esta ciudad tan odiada por ustedes que es la más abierta y
tolerante de España. Cuando terminó el programa, bajé rápidamente por las
escaleras para ser testigo de la escena. Se los habían llevado. La calle estaba
tranquila y la cola de ciudadanos para firmar en el libro de la libertad de
expresión era aún más larga. Por la tarde, Zapatero defendía a los batasunos de
Cataluña.


Claro, sus socios. Nota: Publicado en
LA RAZON
el Viernes, 02
de diciembre de 2005

2 comentarios:

El monje dijo...

En un blog llamado "no cedas al mal" leí la mejor definición de "sostenible" que pueda darse.
les invito a que la lean.

El monje dijo...

PROPUESTA GENERAL:
Dejemos de llamarle señor ZAPATERO y comencemos a llamarle señor RODRIGUEZ, que suena más vulgar.